La gloria al alcance de sus manos

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Las historias de superación se encuentran en cada rincón. No hace falta aliarse con la tragedia y el drama para hacer de una vida la consecución de un objetivo. Puede que las dificultades no sean las mismas pero todo camino tiene barreras que derribar. En ello está Markel Alberdi (Eibar, 1991), el nadador del Club Deportivo de Natación Bidasoa XXI que ha saboreado las satisfacción de haber alcanzado uno de sus sueños.
¿Su secreto? Su personalidad.

 

Desde muy pequeño la natación ha formado parte de su día a día hasta convertirse en su estilo de vida. Los cursillos a los que asistía en la piscina de su pueblo cuando era un niño se transformaron en duros entrenamientos ahora de mayor. En septiembre de 2013, La Federación Española de Natación confió en sus aptitudes por lo que le ofreció una beca para entrenar en el Centro de Alto Rendimiento Blume, en Madrid, un reto que está afrontando con la mayor de las ilusiones. Las cinco horas diarias a las que dedica a entrenar y todo el sacrificio que conlleva cumplir unos objetivos son componentes necesarios para alcanzar el éxito. Su lema: “lo imposible se consigue con trabajo y constancia” y, por tanto, su actitud en la vida es lo que le anima y le levanta cada mañana.

Para Markel el agua es, en cierto modo, la esencia de su persona. “La natación es lo que más me importa aparte de mi familia y de mis amigos, me siento realizado”. Y es que el nadador eibarrés es la pasión personificada. La seguridad que transmite cuando habla de lo que es su “todo” provoca que aquel que le escuche no pueda evitar sonreír y empatizar con lo que es su vida. La natación le ha hecho ser como es. “Me ha aportado la disciplina necesaria y me ha ayudado a ser responsable en los estudios, a valorar el trabajo y sobre todo a ser consciente de lo que cuesta conseguir un objetivo”. Aun volcado al cien por cien en el deporte, a Markel solo le quedan cinco asignaturas para terminar la carrera de ingeniería mecánica que comenzó en la universidad de San Sebastián y que, por sus entrenamientos en la Blume, ahora está estudiando a distancia.

Fotografía: Marina Alonso Mantolan

Fotografía: Marina Alonso Mantolan

En natación, la línea que separa la victoria de la derrota consta de centésimas de segundos. La suerte, por tanto, se convierte en un factor imprescindible pero casi inexistente. Todos los años de trabajo y de esfuerzo pueden verse derribados por un mínimo error, un fallo casi intangible al ojo humano. Quizá sea por el azar, el destino o la dedicación, pero el camino que recorre Markel esboza una recta ascendente. “Mi vida nunca ha sido cuesta abajo, todo lo contrario. Siempre he ido progresando. Ha sido muy bonito todo lo que he vivido porque siempre he ido a mejor”.

El punto de inflexión que catapultó la carrera deportiva de Markel fue el tiempo que consiguió en los 100 metros libres (50.39 segundos) en el Campeonato de España Absoluto Open de Primavera de la RFEN, celebrados en Pontevedra en marzo de 2013. En esta competición logró la mínima B, una marca que le abriría las puertas para nadar en los Campeonatos del Mundo de Barcelona 2013 aunque la decisión final dependía de los seleccionadores. Lo que en un principio parecía una meta inalcanzable y lejana por fin llegó y una llamada de teléfono del Seleccionador Técnico de la Selección, José Antonio Castillo, lo cambió todo. “Cuando me dijeron que iba al Mundial no me lo creía. El año pasado era una ilusión y un objetivo pero no me obsesioné con eso porque sabía que podía no conseguirlo, pero entrené y luché para eso y cuando me lo dijeron para mi fue impresionante”.

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Desde entonces, Markel sabía que daría lo mejor de sí mismo en los entrenamientos antes del Mundial. Su sueño se encontraba a tan solo tres meses de distancia: “Yo tenía claro que en ese periodo tenía que dedicarme a entrenar. El Mundial es lo más importante que me ha pasado y les dije a mis padres que los estudios los dejaría un poco apartados”. Sus padres, Luis y Casilda, han estado en todo momento al lado de su hijo, orgullosos de sus progresos y constantes en cuanto al apoyo se refiere. Markel es consciente de que parte de sus éxitos se los debe a ellos: “Siempre me han ayudado. Cuando me quise ir a San Sebastián para entrenar y estudiar ellos me pagaron una residencia y un piso durante cuatro años. Y ahora con el Mundial han entendido que le quite importancia a los estudios”.

Cuando llegó el gran día y Markel pisó la piscina del Palau Sant Jordi de Barcelona, donde nadaría completando el relevo de 4×100 libres junto con Aitor Martínez, Juan Miguel Rando y Aschwin Wildeboer, no se lo creía: “Pensaba que esto no era real”. Y es que el cúmulo de sensaciones se le desbordaban del pecho. “Lo que disfruté allí fue una pasada. Estar con los mejores del mundo y nadar con tu ídolos, los que siempre había visto en la tele, en esa pedazo de piscina fue una locura. Además formar parte del equipo de la Selección y aprender de ellos… No me lo creía”. Barcelona 2013 para él ha sido algo que jamás olvidará en la vida. En todo momento recordará cada detalle de su vivencia ahí, sobre todo el día antes de nadar: “cuando fui a competir no estaba tan nervioso pero el día anterior me subía por la paredes”.

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Pasado el verano y una vez consciente de a dónde había llegado, Markel tiene más ganas que nunca de seguir nadando y de continuar con lo que es su pasión. Su humildad, que es lo mejor que le caracteriza, hace que sea cada día más fuerte. “El hecho de ir al mundial no me ha cambiado aunque sí que tengo más confianza en mí y más ambición”. Su mentalidad es la clave de su éxito. La constancia, el esforzarse al máximo en lo que estés haciendo en ese momento y la confianza en uno mismo, se han convertido en los pilares principales de la carrera deportiva de Markel pero también de su identidad. Asimismo, la concentración juega un papel fundamental en las competiciones: “Me pongo el fast bastante pronto para no agobiarme y me gusta apartarme para concentrarme y visualizar las pruebas las veces que hagan falta”.

Markel no concibe la vida sin retos. Su positivismo contagia a los demás y su carácter optimista es lo que le ayuda a derribar todas las barreras que encuentra por el camino, sin desmotivarse, sin rendirse. En natación la victoria es efímera, desaparece antes de lo que uno se piensa. Todas las horas de dedicación parecen ser desconocidas para quienes no son conscientes de lo difícil que es este deporte. Pero aún así, los amantes de la natación y sobre todo los nadadores como Markel, tienen claro cuáles son sus objetivos. En su caso, entrena para competir y superarse a sí mismo. Lucha por metas a corto plazo aunque no deja de soñar, como por ejemplo ir a los Juegos Olímpicos de Río 2016, porque para él lo importante es no ponerse límites.

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Marina Alonso Mantolan

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