Mi mayor tesoro

Agua, eso es lo que me da vida. Es el componente sustancial que forma el 65 por ciento de mi cuerpo. Es mi combustible y mi energía de cada día. El agua es mi hábitat, el elemento natural que entiendo como casa, mi hogar.

Aunque parezca mentira, el agua tiene un efecto magnético sobre mí. Desde muy pequeña ya me lanzaba a la piscina sin dudarlo y sin apenas saber flotar. Ese hecho es lo que caracteriza a todo nadador, la pasión. Resulta que hay una conexión especial porque es en el agua donde existe la magia de encontrarse a uno mismo, sin pensar en nada más.

El agua es donde me desenvuelvo, donde me abstraigo. Es en ese momento cuando me convierto. Mis manos y mis piernas en aletas, mi corazón en esfuerzo y mi mente en superación. Son mis únicas y más poderosas armas, las que me ayudan a convertir en realidad todos mis sueños y sobre todo, mis metas.

No sé si es la adrenalina con la que me levanto antes de cada competición o la satisfacción que siento al haberme superado a mí misma después de nadar. Pero hay algo que ha sido el punto de inflexión que me hizo decidir convertirme en nadadora.

Como el amor es ciego, no puedo dar explicaciones sobre por qué el agua me conquistó y la natación se convirtió en mi estilo de vida. Sé que la solución de convertirse en nadador es una locura, pero es la única locura posible.

Marina A. Mantolan

Fotografía: Marina Alonso Mantolan

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