Las “Historias de Superación” de nuestros nadadores volverán cargadas de espíritu y lucha

Tras la acogida que tuvieron los respectivos relatos de Zulema García (C.N. Castalia) y Atlas Guerrero (Atl. Barceloneta), sin duda, volverán las “Historias de Superación”, ahora a Días de Agua, cargadas con mucha emoción y espíritu luchador. Trataremos de contar las Historias de cualquier nadador/a que haya sobrepasado la delgada línea de lo asombroso, calificativo que reciben todas estas personas que se superan día tras día.

LA REALIDAD DE ATLAS GUERRERO (Junio de 2013)

  

“Mi hermano es un luchador, un auténtico ejemplo de superación. Siempre ha competido por unos objetivos, pero siempre se ha quedado a las puertas. La operación le desanimó, pero nunca le quitó el carácter de querer seguir nadando y nadando”. Celeste Guerrero, hermana de Atlas Guerrero, ambos del C.N. Atlètic Barceloneta, nos cuenta cómo su hermano, a lo largo de 18 años, ha ido superándose a base de quedarse a centésimas de sus objetivos, e incluso haciéndose más fuerte tras saber que una “Os Acromiale” pudo acabar con su pasión por el agua y con la inmovilidad de sus dos brazos.

Atlas, natural de Barcelona, nació un 19 de Febrero de 1995. La ciudad condal vería nacer ante sí a un auténtico guerrero, haciendo honor a su apellido. “Desde pequeño mi hermano era muy movido. Ya desde el colegio le recomendaron ir al médico. Tras un seguimiento exhaustivo, le diagnosticaron hiperactividad por déficit de atención, así como un coeficiente intelectual muy alto”. De momento, estamos ante una persona normal, que pasaba sus primeros años como cualquier niño, pero que ya empezaba a tener características especiales, hasta hoy. “Con 18 meses ya empezó a nadar. Mis padres decidieron que los cursillos le vendrían bien. Siempre ha sido un chico con unas aptitudes formidables, ya en 2003 le concedieron una beca de natación. Siempre estaba nadando o jugando al waterpolo. Era feliz, estaba muy a gusto”.

El bienestar corría por las venas de Atlas, hasta que una desgraciada noticia, en forma de dolor, se iba a convertir en una pesadilla y un riesgo serio de perder todo por lo que había estado luchando. En 2012, nos cuenta Celeste, Atlas iba a vivir un punto de inflexión en su vida. “El acromio es un hueso del hombro. A Atlas no se le acabó de soldar. A medida que creces, la inercia del hueso hace que tienda a soldarse. De repente, un dolor empezó a quitarle el sueño. Tras el Campeonato de España de Invierno de Sabadell en 2011 apareció dicha dolencia. Pensábamos que era tendinitis, pero el médico lo descartó. Estábamos ante un tendón totalmente roto y una bursitis, una grave inflamación entre los huesos. Con 2 meses de rehabilitación, nada cambió. Volvía al agua y los hombros le seguían doliendo. Ya no iba a poder competir en lo que restaba de temporada”. La agonía comenzaba, lo que hasta ahora era una vida normal, iba a cambiar. Lo que más necesita un nadador, los brazos, iban a golpear cruelmente la vida, tanto deportiva como personal, de Atlas. Tras visitar varios médicos y estar yendo al fisioterapeuta, Celeste insiste que el dolor era constante y no desaparecía. “Fueron necesarias varias pruebas, desde radiografías hasta ecografías, pasando por resonancias e infiltraciones de cortisona y de factor de crecimiento”. Las visitas médicas iban a impregnar la vida de Atlas, y la decisión de operarse había que empezar a tomarla. “Una vez descubierto lo que mi hermano tenía, le dijeron que para nadar, había que operar”. Tocaba pensar. Tal cómo nos dice Celeste: “No fue fácil”. Habría muchas complicaciones: “Pensamos en los pros y los contras. Decidimos que había llegado la hora de operar, y entramos en la lista de espera. En un principio, se operaría primero de un hombro y luego del otro, pero el largo período de espera no merecía la pena, y su médico decidió operar los dos a la vez”.

En un momento importante, me dispongo a preguntarle a Celeste cómo fue esa operación, y cómo afectó a su entorno familiar. “Entró a quirófano un 20 de Abril de 2012. La operación era difícil, asustaba, pero fue bien. Consistía en soldarle el hueso acromio al hombro con 2 tornillos en cada hombro. A partir de ahí, Atlas demostró de lo que estaba hecho. Gracias a su gran forma física los plazos se acortaron y ya en Agosto empezó a tocar agua”. Enfermo y apasionado por el agua, Atlas estuvo en todo momento apoyado por su familia: “Fue una etapa muy difícil para nosotros. Estaba muy irascible, necesitaba hacer ejercicio, pero le apoyamos y él notó el apoyo. Nuestros padres tuvieron mucha paciencia, no era fácil aguantar a un adolescente en casa todo el tiempo. Había muchos nervios con la operación y el postoperatorio, siempre estaban pendientes de él porque había que hacérselo todo. Lo importante era que mi hermano no hiciese esfuerzos. No podía moverse”.

La operación no pudo con Atlas, su carácter provocó en él la necesidad de seguir superándose. La vida le ha dado un duro golpe, y el deporte ha sido injusto con él. Podríamos estar hablando de un nadador internacional en todas las categorías inferiores. Como nos cuenta Celeste, las centésimas también fueron su dolor: “Desde pequeño nadar a nivel internacional fue su objetivo. En la 2009/10 fue a Pontevedra para clasificarse a la Copa Comen. Necesitaba quedar entre los dos primeros infantiles, sabiendo que él aún no lo era. En el 100 libre quedó segundo de su edad y tercero infantil, quedándose por desgracia a las puertas de la Copa Comen en Italia”. El primer revés deportivo había atravesado a Atlas, que nunca se cansó de luchar. Al año siguiente, siendo ya infantil, volvería a intentarlo:Tocaba ir a Palma de Mallorca para intentar meterse en el FOJE de Turquía. Sólo podía ir el primer clasificado. En el 50 libre quedó 2º a 46 centésimas. Aunque el palo muy fuerte se lo llevó en el 100, donde también fue 2º a 8 centésimas de las puertas para ir al FOJE. Fue un año muy duro a nivel deportivo, pero me sorprendió ver como nunca se rendía, como siempre quería seguir nadando”. Celeste resalta lo mucho que vale su hermano, y es algo que parece bastante lógico. Tras los dos reveses deportivos, y la operación, tocaba afrontar la temporada presente, donde el objetivo era ir al Europeo Junior de Polonia, que se disputará en el mes de Julio. Atlas rozó la gloria, de nuevo, quedándose a las puertas: “No había entrenado mucho, estaba saliendo de la operación. Pero fue a Palma para probarse. Quería bajar tiempo y dar el golpe definitivo en el Open de Pontevedra. Pero de nuevo se quedó a las puertas. Tan solo 57 centésimas le separaban de ir a Polonia y nadar el 100 libre”.

La injusticia, nunca sabremos por qué, decidió un día visitar más de la cuenta a Atlas. Ejemplo dentro y fuera del agua. Espejo donde mirarse y donde darse cuenta que los problemas físicos se pueden superar con suerte y confianza, y que lo deportivo nunca puede con la personalidad. Eso es lo que he aprendido gracias a la atención que Celeste me prestó desde el primer momento. Atlas, queramos o no, nos sirve para darnos cuenta que los duros golpes existen, que a cualquiera pueden azotar. Como he dicho, Atlas fue un niño normal, pero a la vez muy especial. Puede que aún le hayamos visto nadar a nivel internacional, pero le veremos. Porque hay personas que nacen para eludir los obstáculos, y para mostrar al mundo que lo de luchar no es un mito, es algo que se puede llevar al día a día. El talento, la suerte, son factores que condicionan al deporte. Atlas tiene talento pero nunca tuvo suerte. Desde ya prepara el Campeonato de España Junior en Valencia de cara al verano. Un tipo que ha pasado por tanto, no necesita ni talento ni suerte, necesita creer, y es lo que Atlas nos enseña con su pequeña gran historia: otra realidad es posible, solo tenemos que imaginarla y luchar. Merece la pena ver crecer a personas como Atlas. ¡GRACIAS CELESTE, GRACIAS ATLAS!

EL DURO GOLPE QUE SUPERÓ ZULEMA GARCÍA (Mayo de 2013)

“Padecí un neumotorax bastante grave. Casi un 60% del aire del pulmón ya no estaba, me tuvieron que operar con urgencia”. Estas, son las palabras con las que Zulema García López (97/CN Castalia) empieza a contarme el duro golpe que la vida le propició. Una entrevista que, sin duda, está marcada por el fuerte sentimiento de dolor, pero a la vez esperanza, que esconde esta joven de tan solo 15 años de edad, y que hoy, 7 de Mayo, cumple los 16.

Una nadadora que, desde pequeña, tuvo claro lo que quería hacer: “Nunca hubo más deportes. Desde los dos o tres años empecé a nadar con cursillos, y en cuando pude, me metí en un club”. Zulema empieza la entrevista tranquila y feliz, quizá tal y como empezó su vida, llena de grandes sueños con la natación. Me dispongo a preguntarle por qué este deporte, y ella, fiel a su pensamiento, responde como cualquier nadador amante de su disciplina lo haría: “Me gusta la natación, es un deporte muy sano y que además me ayuda, y me ayudaba, a olvidarme de las cosas del exterior”. Al principio, esta joven valenciana vivía como cualquier niño vive su deporte: con ganas, valor y fuerza. Por supuesto, se adaptó bien. Su gran físico, mezclada con la mentalidad que desde pequeña trajo consigo, hicieron que se adaptase bien: “Sí, me adapté muy bien. Me trataron bien desde el principio, todo era fácil”. Antes de empezar a tirar de la memoria de Zulema, me doy cuenta, in situ, que quizá haya algo común en todos los nadadores: el punto de partida. Hipotéticamente, podríamos decir que el carácter determina la acción, pero que en su inicio, todos son iguales, todos tienen objetivos, todos se ven ganando, todos visualizan las horas de trabajo, y solo, el propio devenir de la vida, hace que dicho punto de partida empiece a variar, haciendo que unos pierdan la ilusión y otros la mantengan, dejando para los privilegiados la capacidad de no perder las ganas en ningún momento de su vida deportiva. Es entonces cuando pienso para mi mismo en qué punto estará Zulema, algo que no descubrí hasta el final de la entrevista.

Llega el momento de recordar. Zulema mantiene nitidez en su cerebro y es capaz de recordar, al detalle, dos momentos de su vida que le evocan sentimientos agradables, seguramente en contraposición con el punto de inflexión que marcaría su vida. El primer recuerdo, me comenta Zulema, nos lleva a Sevilla: “Recuerdo que el Campeonato de España de Invierno (2012) no me salió bien, había entrenado mucho y me desanimé. Pero tocaba prepararse para el Campeonato de España de Verano en Sevilla. Yo estaba algo desanimada, pero mis compañeros y entrenador me apoyaron y fue algo emocionante. A pesar de que el Campeonato no me salió muy bien, sentí el cariño de la gente al término de cada prueba. Era realmente emocionante”. La simpleza de un momento, llevada al sentimiento más idílico. Esto es lo que desmotró Zulema, una chica que agradece el apoyo en un mal momento, no lo elude, ni se esconde. Es consciente de lo duro que tuvo que trabajar, pero al final, supo que la mejor recompensa de aquello, fue precisamente la que sus compañeros del CN Castalia le brindaron: el aplauso al entrenamiento, no al resultado. El siguiente momento que Zulema recuerda con más cariño, es con su entrenador: Vicente Richart. “Recuerdo que salí de un entrenamiento muy reventada (entre risas). Había hecho unos tiempos muy positivos para mí y mi entrenador vino a felicitarme en persona. Es algo que no olvidaré nunca”. ¡Qué gran rasgo! Estos dos recuerdos me llevan a pensar lo que realmente valora Zulema: las personas.

Me toca preguntar sobre el momento duro, ese momento en el que Zulema, ya algo más nerviosa, y emocionada, se dispone a detallarme: el 24 de Febrero de 2013. “Me levanté para ir al entrenamiento de las 6 de la mañana. Recuerdo que todo estaba en orden, me tiré al agua y ya desde temprano empecé a notar unos pinchazos (algo raro, porque yo no soy de notar dolencias). Por el momento lo dejé pasar, imaginé que sería cansancio acumulado. De hecho, fui a clase con total normalidad, aunque también notaba ciertos dolores al respirar. En un ataque de ganas, decidí ir al entrenamiento de las 15:00. Me tiré al agua; no hice más de 25 metros. De repente empecé a sentir como me desgarraba por dentro, con continuos pinchazos en el pulmón izquierdo. Decidí salirme del agua”. El día más largo de Zulema, por desgracia empezó. Aprisa, junto con sus padres, fue al hospital, donde el deseo de lo descartable iba a ser la condena irreversible: “El médico no descartó el neumotorax. Me dijo que si hubiese sido del 20%, con reposo se habría ido, pero el porcentaje superaba la capacidad pulmonar, era urgente operar”. En el punto más intenso de la entrevista, Zulema recuerda con angustia el preparatorio en el quirófano: “Recuerdo estar yendo a la sala de espera para entrenar a la sala de operaciones. Aquello era frío, y para mí totalmente nuevo. Escuchaba a los médicos decir que cómo me podía pasar esto a mí, con tan poca edad…”. La endereza de Zulema debía ser mayor, de repente se veía sola, y el miedo a la operación era palpable: “Todo era muy delicado. La intervención iba a ser en el pulmón izquierdo, donde está el corazón. Fueron momentos muy duros”. Por fortuna, los médicos consiguieron calmar a Zulema, que se mostraba asustada ante el momento más duro de su vida, con tan solo 15 años.

El post-operatorio le fue “fácil” a Zulema. Durante una semana larga, periodo que pasó en el hospital, con unas ganas tremendas de nadar, recibió la visita de su familia, sus compañeros de club  y amigos de instituto. Esa semana, la recuerda así: “Las visitas fueron vitales. No quería sentirme sola y gracias a ellos no lo estuve. Me emociono sólo con recordarlo”. Esos días de recuperación, inmersa en la hostilidad de un hospital, Zulema desarrolló en su interior las ganas de volver a nadar. A pesar de que su vuelta no estaba prevista hasta pasado el mes, su adicción al cloro hizo que en menos de dos semanas ya estuviese entre las corcheras. Me dice que lo pasaba mal, que ya no era lo mismo. Ver a sus compañeros entrenar como ella lo hacía antes le dolía, porque el trabajo realizado, las horas de entrenamiento, los buenos y los malos momentos, se habían esfumado de repente. Pero esto, no fue lo único que preocupó a Zulema, el dolor, seguía: “Tenía mucho miedo. Tirarme al agua era pasar miedo. No sabía si iba a volver a padecer de nuevo otro neumotorax. Tenía que ir con cuidado. Poco a poco me daba cuenta de que ya no podía más, y que la ilusión, muy a mi pesar, se iba. Sigo teniendo miedo, a pesar de que el médico, tras un TAC, descartó una recaída. Ya nada era igual”.

La vida a Zulema no le ha sonreído, es ella la que ha tenido que sonreir a la vida. Con ilusión, preparaba el Campeonato de España de este próximo verano en Valencia, al que de momento descarta ir: “Quizá no pueda ir. Físicamente no me encuentro como antes. Eso sí, voy a intentarlo cueste lo que me cueste”. Llegando al final de la entrevista pienso, algo convencido, que Zulema es una persona muy válida para dar dos consejos, a quienes no han padecido y a los que sí: “solo les digo a los que están al 100% que entrenen cada día, que nos se pongan limitaciones; las barreras para ellos no existen. Si quieren, pueden. Y está demostrado que las cosas pueden conseguirse. A los que han padecido algún infortunio como yo, les digo que todos tenemos malos momentos. Que intenten quitarse el miedo, como hago yo, porque no merece la pena vivir y tener miedo. El pasado es pasado, hay que disfrutar del presente”.

Emocionado e impactado por la endereza que esta persona tan joven ha demostrado, me dispongo a concluir una de las entrevistas que recordaré toda mi vida. Las cosas obvias, en la vida, quizá sean las que debemos tener en cuenta en primer lugar. Zulema hoy me ha enseñado, y espero que a todos, que, como decía al principio, el punto de partida en la vida, en el deporte, en la natación, es común a todos, y que de nosotros depende alargarlo o acortarlo. Somos dueños de todo siempre y cuando la vida no nos quite el privilegio de la salud. Solo al final de la entrevista me he dado cuenta de que Zulema, tras su enfermedad, decidió ampliar su punto de partida, querer ser más fuerte después de un duro golpe. Quizá sea la clave de todo esto, el darnos cuenta que podemos ser más, sin tener que esperar un duro golpe. Todos somos víctimas, solo que nunca sabemos cuándo lo seremos. Aprovechemos la vida, como nos enseña con su sonrisa Zulema García López.